1. Diagnóstico sin costo
Una sesión para entender tu operación y qué debe resolver el software. De ahí sale el alcance real, no una lista de deseos sin fin.
Cuando la plantilla se queda corta, se programa. Plataformas, portales de clientes e integraciones con el stack que sostiene nuestros propios productos.
La credencial importa: no vendemos tecnología que solo conocemos de talleres. ChatMantis, WapyCRM y Cifrao (nuestros tres SaaS) corren en producción sobre Vue, React y Laravel, con clientes reales y datos que no se pueden perder. Ese es el estándar con el que construimos lo tuyo.
Vue 3 y React en el frontend: interfaces rápidas, componentes reutilizables y estado predecible. Laravel en el backend: autenticación, permisos, colas y auditoría resueltos con un framework maduro. Docker en infraestructura: el mismo código corre igual en desarrollo y producción.
Para sitios públicos usamos generación estática cuando aplica: páginas servidas como archivos, con tiempos de carga que ningún CMS tradicional alcanza. Es la misma arquitectura de este sitio.
Todo se entrega documentado y con el repositorio a tu nombre. La continuidad no puede depender de nosotros: ese es el diseño, no una promesa.
El desarrollo a medida es la opción más cara y más lenta, y por eso conviene descartarla antes de elegirla.
No lo necesitas si lo que quieres ya existe como producto. Una tienda estándar, un sitio corporativo, un blog, un sistema de reservas común: hay plataformas que hacen eso bien, y construir tu versión propia significa pagar por reinventar algo que además tendrás que mantener solo.
Tampoco lo necesitas si la diferencia con lo estándar es cosmética. "Quiero que el carrito se vea distinto" no justifica un desarrollo; "necesito que el carrito calcule precios según un contrato por cliente" sí, porque eso ninguna plataforma lo hace.
La pregunta que decide es si tu proceso es realmente distinto o solo te acostumbraste a hacerlo distinto. Muchas veces adaptar el proceso a una herramienta existente sale mucho más barato que construir una herramienta para el proceso.
Es la parte que casi nadie presupuesta y la que decide si el proyecto sobrevive. Un desarrollo a medida no acaba el día que se entrega: empieza ahí.
Las dependencias que usa se actualizan, y quedarse atrás demasiados años convierte una actualización sencilla en una reescritura. Los navegadores cambian. Aparecen requisitos nuevos, y cada cambio en el negocio se traduce en trabajo de desarrollo, porque no hay un proveedor que lo saque en su próxima versión.
Por eso, antes de empezar, hay que responder quién va a mantener esto y con qué presupuesto anual. Si no hay respuesta, el proyecto va a funcionar dos años y después se va a volver un problema del que nadie quiere hacerse cargo.
Un software a medida sin plan de mantenimiento es una deuda con fecha diferida. Y esa deuda vence siempre en el peor momento.
Es la pregunta más incómoda de hacerle a un proveedor y la que más problemas evita. Cuando alguien construye software para tu empresa, hay que dejar por escrito quién es dueño del resultado.
Si el código es tuyo, puedes cambiar de proveedor, contratar a otro para ampliarlo o llevártelo internamente. Si es del proveedor y solo tienes licencia de uso, dependes de él para siempre, incluidos sus plazos y sus precios.
Hay tres cosas concretas que conviene tener claras desde el inicio: dónde vive el código y si tienes acceso al repositorio, quién controla los servidores y los dominios, y qué documentación se entrega al final. La respuesta a la tercera suele ser "ninguna", y es lo que hace que cambiar de proveedor cueste tanto.
Nosotros entregamos el código y los accesos, y documentamos. No por generosidad: porque un cliente atrapado es un cliente que se va en cuanto puede, y porque un proyecto que solo entiende quien lo escribió es frágil.
Un desarrollo a medida no se mide en visitas: se mide en si resolvió el problema que lo justificó.
Por eso el número que hay que definir es antes de empezar, no después: qué proceso se va a acortar, cuántas horas se van a devolver al mes, cuántos errores manuales se van a evitar. Sin esa línea base, al final no hay forma de decir si valió la pena y la discusión se vuelve una cuestión de opinión.
Durante la operación, lo que se vigila es distinto: cuántos errores registra el sistema, qué funciones se usan de verdad y cuáles nadie tocó nunca. Esa segunda lista suele ser larga y es información valiosa: son las funciones que se pidieron, se pagaron y no hacían falta.
Y el tiempo de respuesta ante un fallo. En software propio no hay un proveedor externo que lo resuelva, así que ese número depende enteramente del acuerdo de mantenimiento que tengas.
Desde $2,900, y de ahí sube según lo que haya que construir: integraciones con CRM, ERP, pagos o inventario, portales de cliente, multi-idioma. No hay una cifra única porque no hay dos proyectos iguales, pero sí un piso publicado y una cotización cerrada por escrito antes de arrancar. El pago va 50% al inicio, 30% al ver el sistema funcionando en demo y 20% para publicar, con 30 días de garantía por fallas técnicas. Los precios no incluyen ITBMS (7%).
Entregas funcionales: cada etapa produce algo usable que puedes evaluar. Si el alcance cambia, se cotiza aparte y tú decides. El contrato define qué incluye cada entrega.
Te llevas todo: repositorio, documentación y entornos dockerizados que cualquier equipo competente puede levantar. Lo decimos en la propuesta y lo cumplimos en la entrega.
Sí, y es de lo que más pedimos. Conectamos el Botón de Pago Yappy, pasarelas de tarjeta y flujos de WhatsApp directo en tu plataforma. Al ser código propio, la integración se hace exactamente como tu operación la necesita, sin las limitaciones de un plugin genérico.
Puede serlo cuando la velocidad manda: con generación estática, las páginas se sirven como archivos y cargan más rápido que cualquier CMS tradicional. Eso ayuda al posicionamiento, siempre acompañado de estructura y contenido bien trabajados.
Es la vía recomendada. Dividimos el proyecto en entregas funcionales: arrancas con lo esencial en producción y sumas módulos por etapas, cada uno con su cotización cerrada por escrito. Así inviertes a medida que el proyecto prueba su valor.
Si lo que quieres ya existe como producto: tienda estándar, sitio corporativo, blog, reservas comunes. Y si la diferencia con lo estándar es cosmética. "Quiero que se vea distinto" no lo justifica; "necesito que calcule precios según un contrato por cliente" sí, porque eso ninguna plataforma lo hace.
El mantenimiento. Un desarrollo no acaba al entregarse: las dependencias se actualizan, los navegadores cambian y cada cambio del negocio es trabajo de desarrollo, porque no hay proveedor que lo saque en su próxima versión. Sin plan de mantenimiento, funciona dos años y se vuelve un problema.
Hay que dejarlo por escrito antes de empezar. Si es tuyo, puedes cambiar de proveedor o ampliarlo con otro. Si solo tienes licencia de uso, dependes de él para siempre. Pregunta también dónde vive el repositorio, quién controla servidores y dominios, y qué documentación se entrega.
Definiendo la línea base antes de empezar: qué proceso se acorta, cuántas horas se devuelven al mes, cuántos errores manuales se evitan. Sin eso, al final la discusión es de opinión. Después, qué funciones se usan de verdad: la lista de las que nadie tocó suele ser larga.
Sin cheques en blanco ni proyectos que no terminan nunca. Este es el método.
Una sesión para entender tu operación y qué debe resolver el software. De ahí sale el alcance real, no una lista de deseos sin fin.
Dividimos el proyecto en entregas funcionales y recibes un rango realista, con cotización cerrada por escrito por etapa antes de invertir más tiempo.
Cada etapa produce algo que puedes probar y usar. Si el alcance cambia, se cotiza aparte y tú decides; el contrato define qué incluye cada entrega.
Cierras con repositorio, documentación y entornos dockerizados a nombre de tu empresa. La continuidad no depende de nosotros por diseño.
Cuando la plantilla se queda corta, esto es lo que programamos.
Un espacio donde tus clientes consultan estados, suben documentos o gestionan sus trámites sin llamarte. Menos correos, más autoservicio.
Reservas y citas→Chatbots y flujos inteligentes conectados a tu operación, el mismo tipo de producto que corre en nuestro ChatMantis.
Chatbot con IA→Conectar los sistemas que hoy no se hablan entre sí para que la información fluya sola, sin hojas de cálculo paralelas.
Automatizaciones→No vendemos tecnología que solo conocemos de talleres: el stack con el que construimos lo tuyo es el mismo que sostiene nuestros SaaS en producción, con clientes y datos reales.el mismo que sostiene nuestros SaaS en producción
Diagnóstico sin costo y propuesta con precio cerrado, por escrito. Sin compromiso.